La cultura del “hacer” frente a la del “decir”

Póster interactivo de Roland Tiangco

Hace unos días asistía a una presentación donde el ponente expuso una frase que resume perfectamente la situación de cambio en la que estamos inmersos, y que aparece en un póster creado por Roland Tiangco: “El futuro pertenece a los que estamos dispuestos a mancharnos las manos de barro”. Hace tiempo que no escuchaba una deficinión ni un símil tan preciso para explicar el enfrentamiento que existe entre la cultura del “hacer” y la situación de hace unos años, en la que se hablaba y se decía mucho, pero se hacía más bien poco.

El ejemplo más significativo y representativo de esta nueva forma de enfrentarse al presente son las start-ups tecnológicas y el movimiento de contínua innovación que vivimos en numerosos ámbitos empresariales y sociales. Muchos de los emprendedores que hoy triunfan o que comienzan a abrise camino optaron por dejar de esperar y pensar en proyectos, para buscar a personas que colaborasen con ellos y hacerlos realidad. La cultura del “hacer” es mucho más real y tangible que la del “decir”, de la que muchos estuvieron viviendo durante años sin nisiquiera mover un dedo, ni levantar el culo de los despachos. Y por supuesto, es mucho más gratificante y, posiblemente, con mayores y mejores resultados que los que pueden obtenerse viéndolas pasar desde la silla.

Hoy si lo que quieres es que las cosas sucedan, es mejor no esperar y empezar por ti mismo a ponerlas en práctica. Después vendrán las recompensas,  y si no llegan, siempre hay tiempo de seguir intentándolo. La cuestión es que la tecnología y la red impulsadas también por la situación de cambio actual, nos ofrecen las herramientas que posibilitan actuar de manera rápida y en la gran mayoría de ocasiones, también asequible. Los emprendedores lo tienen bastante claro. No es lo mismo decir que tienes una idea genial que plasmar esa idea en un proyecto concreto y ver qué sucede. Hace poco escuché también que es ahí precisamente donde radica la diferencia entre un emprendedor y un empresario. El emprendedor hace que las cosas pasen, sin pensar demasiado en las consecuencias, se mueve por el instinto de poner sus ideas en práctica y después ya tendrá tiempo de preocuparse por ver si funcionan o no. El empresario, primero se lo piensa, lo estudia y si no cree estar medianamente seguro no se pone en marcha. No es de extrañar que haya cientos de empresarios e inversores esperando que cientos de emprendedores les presentes su ideas, para poder así evaluarlas y ver su viabilidad.

Esta cultura del “hacer” es perfectamente aplicable a tu vida y tu trabajo. Sólo necesitas la motivación para hacerlo. En el lugar donde trabajo hace tiempo que ya no esperamos a que nos llamen. Pensamos en proyectos, los desarrollamos, los empaquetamos y vamos a buscar a quiénes pueden hacerlo realidad. Ya han salido varios. Y seguiremos así. Y si no encontramos a nadie que quiera colaborar, intentamos ver si es factible hacerlo nosotros. Es la nueva cultura del “hacer” en donde no vale quedarse quieto viéndolas pasar. No amigos. Eso ya no funciona.

Deja un comentario

*
* (prometo no publicarlo)