De visita en el FabCafé de Barcelona

 

El pasado viernes por la tarde decidí hacer una visita al FabCafé de la calle Bailén. El FabCafé es un nuevo concepto de cafetería que viene importado de Japón; fue en la ciudad de Tokio donde se abrió el primer local en el año 2011. La idea es que, mientras te tomas algo, puedes imprimir tus prototipos en 3D o utilizar alguna de sus máquinas de corte o marcado por láser a la vez que entras en contacto y te relacionas con otros miembros de la comunidad “maker”. Es el primer café de estas características que se inaugura en Europa y viene a constatar que Barcelona se está convirtiendo en uno de los focos Europeos más importantes de la innovación y la emprendeduría.  Además la ciudad está totalmente volcada con el movimiento Fabber, dando apoyo, entre otros eventos, a la Décima Conferencia Internacional de la red FABLAB que reunirá a algunos de los laboratorios de fabricación digital más importantes del mundo.

El FabCafé es una realidad gracias a MOB, la comunidad de “makers” de Barcelona. De hecho el local está situado junto al espacio de co-working que la comunidad tiene en la calle Bailén, un espacio multidisciplinar que reúne a diferentes profesionales de ámbitos muy diversos y en donde se respira innovación y colaboración por los cuatro costados. Los responsables del MOB son además los organizadores del Mini Maker Fair, el evento de Makers que desde hace unos años también se organiza en la ciudad.

Entrando más al detalle sobre el local, se trata más bien de un pequeño espacio donde un par de impresoras 3D te reciben a la entrada. Frente a ellas destacan dos impresionantes máquinas de corte y grabado por láser. Durante el rato que estuvimos pasaron varias personas interesándose por su carta de fabricación, una especie de menú (arriba) pero de precios y tipos de fabricación disponibles. En media hora se realizaron varios trabajos de corte en las máquinas láser y un cliente comenzó a imprimir uno de sus proyectos en 3D, que tardaría tres horas en imprimirse (sí, eso son muchos cafés). Pero más allá de los inconvenientes de imprimir un proyecto 3D durante horas con la incertidumbre de saber si saldrá bien o mal, creo que lo que hay que destacar del lugar es el ambiente que se respira y el espíritu colaborativo que puede sentirse. De hecho tres de las mesas estaban ocupadas por personas compartiendo y discutiendo sobre diferentes proyectos.

Sin duda, el FabCafé es un lugar curioso. Si no te interesa lo más mínimo la impresión 3D y en general el tema de la fabricación digital, pásate por el local aunque sólo sea por cotillear y respirar el ambiente. Y si estás metido de lleno en el nuevo movimiento “maker” de la ciudad, tienes que pasarte sí o sí. La cita es obligada.

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